sábado, 15 de octubre de 2011

RECUERDOS DE FANTOMAS Y FANTOMAS EN LAS PELUQUERÍAS

Recuerdos de Fantomas

Gonzalo Martré*

Sobre el origen disoluto de Fantomas en tierra azteca

A los cuarenta años tenía que pagar un viaje que había hecho con mi esposa a Europa de los “vuele ahora y pague después”. Estaba medio apretado por los abonos. Cada sábado, yo me reunía en el Salón Palacio junto con un grupo de amigos. El patriarca de ese grupo era Alfredo Cardona Peña (poeta costarricense asentado en México que se hacía llamar juchitico porque se casó con una juchiteca). Cardona, que en ese año cumplía 52 años, supervisaba las revistas producidas en México por la Editorial Novaro, que además pagaba los derechos de muchas revistas gringas como Superman, Batman o La pequeña Lulú... Las historietas más importantes las tenía Novaro, pero la editorial contaba también con una línea de producción de revistas en español ideadas y hechas en México. Algunas eran adaptaciones de cuentos clásicos de la literatura universal. El trabajo de Cardona consistía en combinar y supervisar la calidad literaria de las historietas mexicanas y censurar un poco su contenido. El resto de los integrantes del grupo tenía 20 años y a todos nos unía un factor común: “el chupe”.

Nos llamábamos Liga de Escritores y Artistas Borrachos (LEAB). Un buen día el poeta nos propuso escribir guiones para Novaro, específicamente los de Fantomas. Algunos conocíamos al personaje por las referencias de sus autores franceses de principios del siglo pasado; otros, definitivamente no. Cardona nos explicó quién era Fantomas, sus orígenes y lo que hacía Novaro con él. Preguntamos todos, ¿y cuánto pagas, Alfredo? Dijo: mil pesos. Era mucho dinero, justamente lo que yo pagaba al mes por aquel viaje, así que levanté la mano y me propuse. Otros que se apuntaron fueron Gerardo de la Torre, Xorge del Campo, Efraín Gutiérrez y probablemente un par más, a todos nos dio dos ejemplares de los Fantomas ya publicados (seis hasta ese momento) y un guión escrito para que lo cotejáramos con el producto acabado. En esas condiciones me llevé mi material a casita, lo estudié, busqué un buen argumento, lo hice y se lo presenté a Alfredo. Al siguiente sábado me lo devolvió corregido. A partir de entonces empecé a entregar mis trabajos. Por algo que aún no me explico, yo me encontré muy apto para el argumento de la historieta.

Otros a quienes también les aceptaron argumentos fueron Gerardo de la Torre y Xorge del Campo, pero como a los tres números, el segundo decidió que esa tarea no estaba a la altura de su categoría literaria y renunció. Novaro, por su parte, tenía otra argumentista llamada Rosa María Philips que trabajaba haciendo adaptaciones. Sin embargo tenía un problema de Alzheimer que se le agudizó y ya no pudo seguir. De tal suerte que quedamos Gerardo y yo. Pero como Gerardo se fue a la televisión educativa entregaba pocos argumentos. Además la revista era quincenal por lo que la mayoría los escribía yo. Cuando Fantomas cumplió tres años, Gerardo ya no participó. La televisión educativa le absorbía mucho tiempo y le pagaba más. Tiempo después, el propio Gerardo me invitó a escribir para la televisión educativa, pero no pude. Fue así como me quedé en calidad de argumentista, casi exclusivo, de Fantomas. Ocasionalmente a Cardona le caían argumentos buenos y los compraba (uno o dos por año) pero, en estricto sentido, yo era la base argumental de la historieta y así fue durante ocho años más.

Al principio ni Gerardo ni yo considerábamos que fuese motivo de orgullo aparecer como argumentistas de historieta. Cuando me di cuenta de la importancia que iba adquiriendo Fantomas, puesto que se vendía muy bien y además era comentada ampliamente, circunstancia que no compartía con otras revistas, incluso de mayor tiraje, le pedí a Alfredo que me pusiera en los créditos, junto al dibujante, porque él sí tenía su crédito desde el primer cuadro de cada número. Se me incluyó entonces, a Cardona también, luego, el jefe de dibujantes, Manuel Moro, exigió que lo pusieran. De repente, el cuadrito de créditos abarcaba cuatro o cinco nombres.

El episodio Cortázar

Cardona Peña era un hombre muy culto, un fino poeta, un excelente cuentista de ciencia ficción y del género fantástico. Por eso estuvo inmediatamente de acuerdo cuando le propuse la incursión de algunos personajes de la vida literaria en la historieta. De tal suerte que me dejó manos libres para ese tipo de apariciones, llamémosle, “cultas”. Además, en ninguna historieta mexicana se tenía esa costumbre. En algún momento se me ocurrió un argumento que tuviera cierto paralelismo a Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Con sus variantes, claro, pero ahí estaba la quema de libros. En la historieta los culpables de la quema pertenecían a un grupo de “pelafustanes”, no era el sistema, sino una banda misteriosa que los incineraba indiscriminadamente sin hacer distinción alguna de temas. Además, como ya tenía avanzada la idea de meter personajes de la vida real y estaban de moda Cortázar y Octavio Paz, los metí en Fantomas junto con otros escritores en un número que se llamó, en honor a Gorostiza: La inteligencia en llamas.

En Editorial Novaro había una división de libros que estaba a cargo de Luis Guillermo Piazza. Por cierto, René Avilés Fabila en su libro Recordanzas lo definió como un intelectual de quinta en Argentina convertido en intelectual de primera aquí. El hecho es que alguien le llevó a Piazza el ejemplar de La inteligencia en llamas, y él, a su vez, se lo envió a Cortázar con quien tenía amistad. Entonces Cortázar dijo bueno, a mí nunca me pidieron permiso para aparecer, por lo tanto se me ocurrió la idea de hacer un folletín con el personaje Fantomas.

Piazza colaboraba en la página editorial de Excélsior y le propuso a Julio Scherer hacer el folletín. Scherer dijo: hágase la luz y por supuesto que se hizo. Fue un éxito. Se titulaba Fantomas contra los vampiros multinacionales, aunque en él había otros asuntos aparte de la quema de libros, porque se mezcló el asunto del Tribunal Russell que por aquellos años ocupaba el tiempo de Cortázar.

Fantomas, historieta de culto

Fantomas pegó en la juventud estudiosa, en muchachos de secundaria, preparatoria y licenciatura; pegó, precisamente, por su carga cultural, que aunque en pequeñas cápsulas, contenía cada número. Eso también lo valoró mucha gente que leía libros convencionales y de repente se encontraba con un tipo de historieta muy distinta a la que se hacía en México y las que se importaban de E.U.

El autor del lema: “la amenaza elegante” fue Guillermo Mendizábal. De hecho fue él quien tuvo la ocurrencia de hacer de Fantomas el personaje de una historieta mexicana, dotándolo de una connotación muy distinta a la que tenía el original en Francia, aunque sólo tuvo bajo su responsabilidad los primeros seis ejemplares. Recordemos que el Fantomas original era un criminal feroz, mataba, violaba, además de ser un acumulador de dinero. Eso para México era inmoral; hubo que hacerlo un Robin Hood, un bandido generoso. Así fue como se perfiló el personaje de la historieta mexicana.

Con el tiempo Fantomas se convirtió en una historieta de culto; mucha gente coleccionó los ejemplares, de la misma manera como había personas que coleccionaban la saga de La familia Burrón, hasta donde yo recuerdo, las dos únicas historietas de culto que hubo. Quizás había otras, pero no se comentaban, ni se hacían ensayos sobre ellas, ni se publicaba nada de su contenido en los medios. En cambio para Fantomas y La familia Burrón siempre hubo y hay estudiosos de las series.

Fantomas en el siglo XXI

Hacer un Fantomas cada dos semanas, implicaba leer mucho, encontrar historias afines de donde pudiera hacerse una adaptación o sacarse una idea para el guión. Leía, sobre todo, autores de la literatura universal.

El México del siglo XXI es un campo muy fértil para que actúe un personaje como Fantomas. El grado de corrupción alcanzado en este país, es propicio para que alguien como Fantomas entre en acción. Tenemos al hombre más rico del mundo, ¿no creen ustedes que sería ideal que Fantomas lo robara? Tenemos a la lideresa Elba Esther Gordillo, riquísima gracias a la explotación del sindicato que tiene un millón de afiliados, el más grande de Latinoamérica. Ella tiene una colección de diamantes, ¿no creen que Fantomas la querría para beneficiar a los desposeídos? Revivir a Fantomas en estos tiempos y en este país, sería exitoso porque no le faltaría trabajo, no se daría abasto ni para robar a tanto rico, ni para beneficiar a tantísimo pobre.

Fantomas y la academia

Por lo que toca al trabajo académico, un grupo de universitarios de la UAM-Azcapotzalco encabezados por Carlos Gómez Carro publicará este año un libro por el centenario de Fantomas. El libro, en el que participo, lleva un prólogo del investigador Gómez Carro y también un ensayo extenso del folletín de Cortázar Fantomas contra los vampiros multinacionales; como tercer capítulo será incluida la historia de la historieta “Fantomas. La amenaza elegante” y ocho episodios (una utopía irrealizable “Fantomas en México del siglo XXI”), en formato de folletín con cuatro o cinco ilustraciones cada uno. Sobre el folletín de Cortázar existe otro ensayo también extenso de la investigadora francesa María Alejandra Bauregard. Como es fácil notar, Fantomas no está divorciado de la academia.

Fantomas y los teje manejes de la industria editorial

Lamentablemente tengo pocos números de Fantomas. El de Inteligencia en llamas lo presté y nunca me lo devolvieron. En internet aparece la segunda edición del folletín de Cortázar. Tuve que dejar la historieta porque Novaro quebró por malos manejos de su director general y una de las medidas que tomaron para sanear la empresa, fue jubilar a la fuerza a Cardona Peña; eso fue un grave error editorial. Cardona Peña era el animador de toda la sección de historietas mexicanas. Su cultura, su don de gentes, todo eso hacía de él un excelente supervisor. En su lugar pusieron a su secretario, un tipo que no tenía ni idea de lo que hacía y carente de todas la virtudes de Cardona Peña. Él se encargó de echar a pique a Fantomas y coadyuvó en el quiebre de la editorial. Antes de la salida definitiva del poeta juchitico hice unos cuantos números de una historieta que se le ocurrió llamada Hatta yoga, ilustrada por el dibujante peruano Gonzalo Mayo, pero no era la línea de Fantomas y cuando salió Cardona Peña también se acabó Hatta yoga.

El mundo de la historieta era distinto al mundo de la literatura; yo frecuentaba poco a los argumentistas o dibujantes de otras historietas como Kalimán o Memín Pinguín. Fantomas fue especial porque estuvo más apegado a la literatura que a la historieta. Se terminó Fantomas y me retiré de la historieta. No me interesó hacer otra, pero pasado un tiempo me acerqué a la compañía que mejor competía con Novaro, pero ahí hacían Lágrimas y risas. Les presenté un argumento y me tacharon unas 15 palabras. Me dijeron: “estas palabras no las entienden nuestros lectores, usted tiene que poner algo sencillo”. Les dije: “obliguemos a los lectores a consultar un diccionario, enriquezcamos su léxico”. Me dijeron: “no somos profesores y discúlpenos pero usted escribe como nosotros o no hay trato”. Y yo no me iba a poner a escribir Lágrimas y risas, ni nada que se le pareciera. En las décadas que siguieron muy esporádicamente hice argumentos de corte educativo. Este año me han encargado dos para Fantomas, pero no para historieta comercial, sino de índole académica. Esto es, de circulación restringida.

* Este texto partió de una entrevista hecha en video que pronto estará en Youtube.

gonzalo_martre@yahoo.com.mx

ranarroja@yahoo.com.mx

www.elcentenariodefantomas.blogspot.com


Fantomas en las extintas peluquerías y en la red

David Gutiérrez Fuentes

Fantomas es un personaje de origen francés que tuvo una reedición gráfica en México a finales de los sesenta gracias al ingenio de Guillermo Mendizábal y el talento plástico de Rubén Lara. Este año se festeja el centenario de su nacimiento. Sobre el origen del Fantomas de Marcel Allain y Pierre Souvestre, los vericuetos del centenario en México y las peculiaridades del Fantomas mexicano, hay múltiples referencias. Gonzalo Martré, el más dedicado argumentista de la historieta, tiene cuando menos dos textos sobre el tema replicados como virus en varios espacios digitales y uno que otro de papel. La versión que yo ofrezco en este recuento es la de un seguidor del superhéroe en el ámbito de un recinto en extinción: las peluquerías.

Para cualquier investigador del cómic (palabra exportada para referirse a la historieta), y para muchos asiduos lectores, la editorial Novaro se convirtió en referencia obligada del género. En la década de los setenta los puestos de periódicos exhibían las novedades gráficas de una diáspora de títulos extranjeros y nacionales que abarcaba todos los gustos.

La historieta, más que los diarios, más que las revistas políticas o misceláneas, cumplía un círculo virtuoso de intercambio o de inocentes pillerías relacionadas con la lectura. Si estuviera tipificado como delito el robo de historietas en peluquerías, es probable que desde temprana edad hubiese pisado las baldosas del tribunal de menores.

Las peluquerías, sitios borrados del mapa urbano o reemplazados por lo que hoy se conoce con el nombre de estéticas, eran una suerte de santuarios para lectores de historietas o de otra clase de materiales más subidos de tono que los peluqueros guardaban en espacios discretos.

Hablar de Fantomas y la historieta me obliga a reconocer ámbitos citadinos y culturales enterrados en un pasado no tan remoto. Mi padre me llevaba a una peluquería de la colonia Estrella, ubicada frente a un parque que todavía existe. Por cuestiones prácticas, mi madre nos cortaba el pelo en un espacio más pequeño que había sobre la avenida Sierravista, localizado a un par de calles de nuestra casa.

La primera gozaba de una enorme tradición. El sitio era próspero pues tenía cuatro sillones, siempre ocupados. El dueño conocía a mi papá y era, como en todas las peluquerías en las que hay jerarquías, El Maestro. A mí me gustaba ese lugar porque disponía de muchas historietas en permanente reflujo, devoradas por una clientela curiosa.

Los setenta fue la última década de un mundo sencillo: la vida en esos ámbitos no tenía complicaciones ni se encontraba departamentalizada en extremo. A lo sumo se dividía en casquete corto, mediano o largo.

En las buenas peluquerías, el maestro cumplía también las funciones de bibliotecario. En esos recintos leí mis primeros Fantomas. Sin tomar en cuenta a los que papaban moscas, que siempre existieron y existirán, ingresar en una peluquería implicaba pasar el rato leyendo historietas. Desde un acercamiento empírico, o, si se prefiere, arbitrario, la relación peluquería-historieta formaba un vínculo indisoluble y formador. Perder la vista entre coloridas viñetas mientras se aguardaba un turno, o, incluso, cuando las maquinitas recortaban mechones que cedían a la gravedad, constituyó, para muchos amigos de mi generación, una etapa inolvidable, transitoria hacia otro tipo de lecturas sin “dibujitos”.

La peluquería de Sierravista era más pequeña, de tal suerte que la cantidad de historietas resultaba menor. Sin embargo, esa circunstancia obligaba a El Mesié (le decíamos así porque su peluquería se llamaba Pour Monsieur), a ser más refinado en la selección de sus materiales de lectura. Además de que este inolvidable personaje de la colonia Lindavista siempre se mostró como un generoso practicante del trueque.

Al principio, solo leía el Fantomas en la peluquería de la Estrella, porque en el puesto de periódicos cercano a mi casa o no lo surtían o se lo llevaban antes. De tal suerte que, a partir de los diez años, siempre que caía un ejemplar en mis manos, le daba prioridad sobre otras lecturas y no lo soltaba hasta terminarlo. A mediados de los setenta se produjo un episodio en Pour Monsieur, que ahora valoro como una feliz coincidencia. Frente al lugar se estacionó un Fiat viejísimo que tosía humo azul. De él descendió una señora de medianos recursos y un antipático trío de greñudos vestidos igual (moda funesta que espero nadie rescate). De la cajuela la señora sacó una caja repleta de Fantomas y se acercó a negociar. El Mesié aceptó el intercambio sin chistar: tres casquetes cortos por la preciada colección que pertenecía al más grande de los falsos trillizos, visiblemente encabronado por el pésimo negocio.

Ese hecho determinó que adoptara a Pour Monsieur como mi peluquería de cabecera, hasta que me mudé. Cabría añadir que, en los setenta, la movilidad a pie o en bicicleta en una colonia amable, sin las horribles rejas carcelarias que hoy la confinan, me daba amplios márgenes de libertad. Mis visitas a El Mesié se volvieron regulares y, algo insólito en el despejado escenario de mis tardes de hueva, durante un año le ofrecí a mi mamá llevar a mis hermanos menores a Pour Monsieur, cuando sus cabelleras, que para mi fortuna lectora crecían a intervalos diferentes, tenían que ceder al filo de la navaja. El peluquero descubrió mi afición por La amenaza elegante y gustoso me acercaba una pila de historietas cada vez que lo visitaba. Es más, tengo la impresión de que fingía distracción cuando, disimuladamente, desde la retaguardia de esa salita repleta de espejos que le otorgaban a El Mesié un dominio panóptico, mis extremidades cleptómanas guardabas tres o cuatro ejemplares de Fantomas dentro de un libro de matemáticas que me llevaba, según yo, para estudiar.

Un último e imborrable recuerdo de El Mesié: tenía un anaquel reservado con revistas para adultos. Cuando empecé a llegar en vocho a cortarme la mata, tuve acceso a esos preciados tesoros. Las peluquerías, aquellos respetables santuarios en vías de extinción, marcaron el inicio de muchos niños y adolescentes en la vida lectora o depravada.

Algo también característico de mi afición por la historieta es que, cada ocasión que leía a Fantomas, bombardeaba a mi familia con preguntas que parecían fuera de contexto. ¿Qué es el actinio, existen los robots, cuál es la paradoja de Banach y Tarski, quién fue Norbert Wiener? En efecto, Fantomas era una historieta de múltiples atributos. En ella transitaban de cuadro a cuadro, la seriedad, el humor y el conocimiento. A partir de los doce años, con algo de mundo encima, un puñado de lecturas y un Larousse que todavía conservo, el tiempo se aligeraba, aunque cargado de dudas.

Por supuesto que a esa edad muchas referencias todavía me pasaban de largo. Por ejemplo, la historieta Fantomas y los mutantes (cuya fecha de edición, según leo en internet, data de 1969) debí leerla en 72 o 73. En diversas historias, para acceder al refugio del superhéroe, había que proporcionar claves (el “famoso santo y seña”). En ese capítulo el argumentista manejó dos. La primera, invocada por una niña mutante que pedía ser adoptada por Fantomas, decía: “¡Oh inteligencia, soledad en llamas!” y la segunda, pronunciada por el propio Fantomas, después de un breve periodo de amnesia, decía: “Su luto era la alfombra de una llama”. Esas frases que de chico no advertí, contenían cargas referenciales o se imbricaban a manera de juego, apelando a diálogos soterrados entre los responsables de la historieta. La primera frase, proveniente de Gorostiza, se convirtió en una referencia constante que alcanzaría un clímax con el ejemplar titulado Inteligencia en llamas, mismo que motivó el folletín de Cortázar: Fantomas contra los vampiros multinacionales, episodio narrado por Gonzalo Martré en sus Recuerdos de Fantomas con el subtítulo: “El episodio Cortázar”. La segunda proviene de un poema “Vestida de luto”, de Alfredo Cardona, supervisor de la historieta (y de otras colecciones de Novaro), a quien en la red y otros formatos se le atribuye por equivocación la autoría de los argumentos de Fantomas.

Viene al caso Fantomas y los mutantes porque está digitalizada y releerla después de más de tres décadas fue una experiencia gratificante. Lo que hace varios años leí con una mezcla de inquietud y rareza, ahora lo hice con gozo gracias a los miles de seguidores con los que cuenta el superhéroe dentro del ciberespacio. En la portada aparece un Fantomas atribulado cargando a un bebé con pañales que observa un microscopio, mientras en el suelo reposa un niñito con un montón de libros. La leyenda que invita a la lectura, dice: “¿Podría usted lidiar con sabios de seis meses y filósofos de ocho años? Fantomas lo intentó y... ¡Sucedió el acabose!” Hay frases de ese capítulo rescatado por Nagualito, admirador del superhéroe en la red, que resultan memorables. Enmarcadas en su contexto gráfico mueven a la carcajada. Por ejemplo, el niño de pañales le dice a Escorpión, una de las curvilíneas asistentes: “Puede contemplarme a su gusto e inclusive tomarme en brazos. No me opongo al cariño maternal.”

Aquellos niños superdotados, como resultado de una mutación genética, tenían algo de demoníaco y ponían en guardia al protagonista y sus ayudantes. En otros cuadros, el mismo engendro incontinente que aparece en portada, desarrolla con Fantomas un diálogo políticamente correcto: “Creo que sus ayudantes se pusieron nerviosas por mi culpa. Lo deploro señor Fantomas” “Confieso que a mí también me has confundido, hijo” “¿Hijo? Qué bien, eso quiere decir que me adopta, vengan esos cinco” “¿Por qué te gustaría que fuera tu padre?” “Porque usted es persona inteligente, emocionalmente equilibrada… Ahora desearía dormir un poco si no tiene inconveniente”.

Nagualito tiene una cuenta en Issuu, desde la que se pueden leer varias historietas de Fantomas, incluida la de los escuincles mutantes.

Otro fan del enmascarado en la red, que además tiene un blog titulado Mundo Fantomas, se llama Luis Arellano, conocido en los bajos fondos de la filantropía digital como luisvan21. Luis es consultor informático, fanático de Queen y dueño del dominio fantomas.com.mx. El trabajo que ha hecho por la historieta sería envidiado por muchos restauradores. Su colección se encuentra disponible en Issuu y Picassa. En ella descubro algunos cuadros más sutiles, pero explosivos, como cuando Fantomas, disfrazado con sombrero de cowboy, discute tonterías con su acompañante de vuelo, un republicano de Houston, insoportable, que desata el pensamiento autocrítico del superhéroe: “Creo que la caracterización más difícil es la de hacerse pasar por texano. ¡Lo que hay que oír!”

Al margen de la intriga dosificada en 32 páginas (menos anuncios de aparatos para el estiramiento de chaparros o manuales para ponerse mamado y no hacer el ridículo en la playa), un aspecto encomiable del superhéroe es que nunca perdía el estilo. En La dorada secta de Cthulhu (título que rinde homenaje a Lovecraft) las asistentes de Fantomas, con excepción de Tauro, son engatusadas por el Barón Niebla, enemigo jurado del protagonista, para convertirse en brujas. Al rito de iniciación de Tauro, que es aprovechado por Fantomas para saber en qué andan sus zodiacales ayudantes, todos llegan en escobas voladoras. El inusual desplazamiento le da pauta a nuestro héroe para realizar un comentario apropiado para la ocasión: “La solución perfecta al problema mundial de la escasez de energéticos.” En el castillo del Barón Niebla, después de un forcejeo tras el cual vuelve todo a la normalidad, Fantomas se da tiempo para comentar, socarrón, al tiempo que las asistentes brujas salen del trance diabólico: “Despierte a sus compañeras, Tauro, nos quedamos sin medios de locomoción rápida y hemos de hacer el regreso a pie. ¡Ja. Ja. Ja!”

Tenía curiosidad por leer una historieta con argumento de Gerardo de la Torre. Luisvan21 tiene varias, entre ellas una que se titula Fantomas y el fabuloso baño de diamantes, muy divertida. Por cierto, hay veces, pocas, en las que la digitalización se salta el orden progresivo, pero como vienen numeradas las páginas es fácil localizar los saltos y navegar para lograr una lectura secuencial. En mis incursiones digitales estuve buscando el número de Inteligencia en llamas, dado que Gonzalo Martré no lo tiene, pero todo fue inútil. Establecí contacto telefónico con luisvan21 y le pregunté si tenía un vínculo o sabía de alguien que tuviera la historieta, pero nada. Aunque existen numerosas referencias y enlaces a Fantomas contra los vampiros multinacionales, no sucede lo mismo con Inteligencia en llamas. El histórico número tampoco lo tiene Alfredo Cardona Chacón, reconocido artista plástico hijo del poeta costarricense. Un buscador (de carne y hueso, no virtual) de libros y revistas antiguas que consigue rarezas para el Museo del Escritor quedó de averiguar, pero hasta ahora no hay resultados positivos. Luisvan21, que tiene más experiencia en el rescate hemerográfico de Fantomas se ha topado con la misma piedra. Me comenta que desde varios lugares del mundo, Italia entre ellos, se han puesto en contacto con él diversos investigadores de Cortázar o del cómic porque quieren conocer la historieta original y nada. Hasta parece obra de la temida banda que desaparecía libros en el codiciado ejemplar. ¿Será que sólo Fantomas, entrañable superhéroe que alegró la niñez y adolescencia de muchos lectores puede resolver el misterio de Inteligencia en llamas? Ya veremos.

dgfuentes@hotmail.com

Un acercamiento a Fantomas en red

El folletín de Cortázar: Fantomas contra los vampiros multinacionales, tiene muchas réplicas en la red, he aquí una en HTML:

http://www.literatura.org/Cortazar/Fantomas/

Existe otra versión en PDF:

http://usuarios.multimania.es/politicasne/documentos/fantomas.pdf

Nagualito, fan de Fantomas tiene una cuenta en Issuu en la que encontrarás varios ejemplares, entre ellos el de Fantomas y los mutantes:

http://www.issuu.com/nagualito

Otro fan dedicadísimo de Fantomas en la red es luisvan21, a su blog puedes acceder a través de un dominio pagado por él mismo:

www.fantomas.com.mx.

También hay ejemplares de Fantomas de luisvan21 en una cuenta disponible en Issuu:

http://www.issuu.com/luisvan21

Aunque la colección más amplia de Fantomas de luisvan21 proviene de una cuenta de Picassa:

https://picasaweb.google.com/luisarellano21

“La llamada de Cthulhu”, es un cuento de H.P. Lovecraft que se puede leer de a grapa en:

http://www.ciu

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